Medalla

Hay quien ve una medalla y solo encuentra un trozo de metal. Una pieza dorada y plateada que cuelga del cuello de miles de personas durante unos días de primavera. Pero quien conoce el Rocío sabe que una medalla nunca es solo una medalla.

Medalla

Esta imagen que contemplan es la medalla de la Hermandad del Rocío de Sevilla, aunque podría ser la de cualquier hermandad. Dentro de ella habita un universo entero. Dentro de cada medalla hay sueños que esperan cumplirse, abrazos que aún permanecen en la memoria, lágrimas derramadas en silencio y silencios que terminan en lágrimas, promesas susurradas a la Virgen, plegarias que nadie escucha salvo Ella y mucha Fe.

Dentro de una medalla hay amor, perdón, esperanza, fe, familia, amistad, hermandad, música, sevillanas al caer la tarde, rosarios, salves, vivas, amaneceres de emoción y atardeceres de nostalgia. Dentro de una medalla caben los kilómetros recorridos, el polvo de los caminos, la arena que se pega, el cansancio de las largas jornadas y la alegría indescriptible de seguir avanzando hacia Ella.

El Rocío 2026 ya es recuerdo.

La Hermandad de Sevilla ha regresado a casa. Su Simpecado vuelve a descansar en la Colegial del Divino Salvador y los últimos ecos de las sevillanas se han ido apagando poco a poco. Las carriolas han sido guardadas. Los bueyes descansan. Los trajes vuelven a los armarios. El camino ha terminado.

O quizás no.

Porque el Rocío tiene una forma muy especial de terminar: termina para empezar de nuevo.

Apenas han pasado unas horas desde el regreso y ya hay corazones que vuelven a caminar. Ya hay rocieros que, mientras deshacen equipajes o limpian el polvo acumulado durante los días de peregrinación, están soñando con volver. Volver al sendero. Volver a la arena. Volver a cruzar el Quema. Volver a sentir el peso de la medalla sobre el pecho. Volver a compartir mesa, oración y amistad con quienes el Rocío convierte en familia.

Porque quien hace el camino una vez sabe que nunca regresa del todo.

Una parte del alma se queda siempre allí, entre las marismas, esperando el próximo encuentro.

Y este año, además, la espera será distinta. Más corta. Más emocionante.

Agosto traerá uno de esos momentos que quedan grabados para siempre en la memoria de los rocieros. La salida extraordinaria de la Virgen del Rocío para regresar a Almonte nos permitirá contemplar nuevamente una estampa única y profundamente conmovedora: la de Nuestra Señora vestida de Pastora caminando hacia su pueblo.

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Un acontecimiento que solo sucede cada siete años y que vuelve a unir a generaciones enteras bajo una misma emoción. Niños que lo verán por primera vez. Mayores que recordarán otros traslados. Rocieros que acudirán desde todos los rincones para acompañarla en ese camino tan especial.

Será otro regalo de la Virgen para hacer más llevadera la ausencia.

Pero ni siquiera ese esperado acontecimiento consigue apagar el sueño de un nuevo Rocío.

Porque el rociero vive mirando hacia adelante. Vive contando los días de «uno en uno». Vive soñando con ese instante en que vuelva a divisar las arenas, el momento de llegar a la aldea y el momento único de tenerla delante y que el corazón empieza a latir mas fuerte.

Sueña con el reencuentro.

Sueña con el camino.

Sueña con el abrazo.

Sueña con ese lunes eterno en el que la Virgen sale a repartir fe, consuelo y esperanza para todos.

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Y mientras llega ese día, miles de medallas seguirán colgadas en las paredes de las casas, descansando sobre una mesita de noche o guardadas junto a los recuerdos más valiosos. Parecerán inmóviles.

Pero no lo estarán.

Porque dentro de cada una de ellas seguirá latiendo un camino entero.

Seguirá sonando una flauta y un tamboril.

Seguirá levantándose el polvo como bajo las ruedas de una carreta.

Seguirá escuchándose una oración y el eco de una promesa.

Seguirá brillando la mirada emocionada de quien volvió a encontrarse con la Virgen.

El Rocío 2026 ha terminado.

Y, sin embargo, el sueño acaba de empezar.

Porque mientras exista una medalla sobre un pecho rociero, mientras haya una promesa que cumplir o una plegaria que elevar al cielo, siempre habrá un camino abierto hacia Ella.

Siempre habrá un sendero que conduzca hasta la Madre de Dios.

Siempre habrá un Rocío esperando.

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Por Miguel Angel Jimenez

Miguel Ángel Jiménez es redactor y fundador de Sevilla Vibes, medio digital especializado en la actualidad de Sevilla. Cubre noticias de última hora, sucesos, cultura y temas de interés con un enfoque directo, claro y cercano.

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