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Más de cuatro horas y media de cortejo para un recorrido reducido reabren el debate sobre el verdadero significado de la representación de las hermandades en la gran fiesta sacramental de Sevilla

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El Corpus Christi de Sevilla volvió a dejar este jueves algunas de las estampas más bellas y reconocibles del calendario sevillano.

La ciudad amaneció engalanada para recibir una celebración que forma parte de su historia, de su patrimonio y de su identidad. Los altares volvieron a ocupar plazas y calles, los balcones lucieron sus mejores galas y la Custodia de Arfe recorrió el corazón de Sevilla acompañada por miles de personas.

Sin embargo, más allá de la indiscutible belleza de la jornada, el Corpus de 2026 vuelve a dejar una reflexión sobre la mesa.

La procesión comenzó a salir de la Catedral a las 8:15 de la mañana. La Custodia cruzó la Puerta de San Miguel a las 10:55 horas y no sería hasta aproximadamente las 12:45 cuando regresara al primer templo hispalense. El cortejo completo quedó recogido cerca de las 12:50 horas.

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Más de cuatro horas y media de procesión para un recorrido relativamente corto dentro del casco histórico de la ciudad.

Y es ahí donde surge una pregunta que comparten más sevillanos.

¿Hasta qué punto el concepto de representación sigue respondiendo al significado original de la palabra?

La presencia de las hermandades en el Corpus nunca ha estado en discusión. Su participación forma parte de la propia esencia de la celebración. Durante generaciones, las corporaciones sevillanas han acudido para representar a la Sevilla cofrade ante el Santísimo Sacramento en la gran fiesta eucarística de la ciudad.

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Pero representar no debería confundirse necesariamente con multiplicar el número de participantes.

Con el paso de los años, muchas hermandades han incrementado considerablemente el número de hermanos presentes en el cortejo, generando una procesión de dimensiones cada vez mayores y una duración difícil de justificar si se analiza únicamente el recorrido realizado.

Porque el problema no parece estar en las hermandades.

Ni tampoco en la tradición.

El problema parece estar en la proporción.

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Cuando una procesión necesita más de cuatro horas y media para completar un itinerario tan reducido, quizás sea razonable plantearse si el equilibrio actual es el más adecuado.

Especialmente cuando el auténtico protagonista de la jornada es el Santísimo Sacramento representado en la Custodia de Arfe.

Tampoco pasó desapercibido otro de los elementos tradicionales del Corpus sevillano: el romero.

Cada año, las calles del recorrido se convierten en una auténtica alfombra aromática que forma parte inseparable de la personalidad de esta celebración. Sin embargo, en esta edición fueron numerosos los asistentes que comentaron una sensación compartida a lo largo del recorrido.

Donde otros años la presencia del romero resultaba abundante y cubría gran parte del pavimento, en esta ocasión la impresión general fue diferente. En numerosos puntos predominaban más los tallos y los palos que las propias hojas, ofreciendo una imagen menos frondosa de la habitual y reduciendo parcialmente ese característico efecto visual y aromático que tradicionalmente acompaña al Corpus sevillano.

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Puede parecer un detalle menor.

Pero quienes vivimos esta celebración año tras año sabemos perfectamente que el Corpus no se compone únicamente de imágenes.

También se construye a través de los aromas.

Del romero.

De la juncia.

Del sonido de los pasos sobre la alfombra vegetal.

De esos pequeños detalles que convierten una mañana cualquiera de junio en una de las jornadas más singulares de la ciudad.

Y precisamente porque el Corpus sigue siendo una de las manifestaciones religiosas y patrimoniales más importantes de Sevilla, quizás haya llegado el momento de abrir determinados debates sin miedo y sin enfrentamientos.

Desde el respeto.

Desde el cariño a la tradición.

Y desde la voluntad de mejorar aquello que puede ser mejorable.

Porque nadie discute la belleza del Corpus.

Nadie cuestiona la importancia de las hermandades.

Nadie pone en duda el valor histórico de una celebración única.

Pero sí cabe preguntarse si una representación debe convertirse en una presencia tan numerosa que termine condicionando el desarrollo de toda la procesión.

El Corpus Christi de Sevilla seguirá siendo una de las grandes joyas de la ciudad.

La cuestión es si en los próximos años será capaz de encontrar el equilibrio entre participación, representación y funcionalidad.

Porque representar nunca debería significar ocupar más espacio del necesario.

Y porque, en ocasiones, la grandeza de una tradición también reside en saber adaptarse sin perder su esencia.

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Por Miguel Angel Jimenez

Miguel Ángel Jiménez es redactor y fundador de Sevilla Vibes, medio digital especializado en la actualidad de Sevilla. Cubre noticias de última hora, sucesos, cultura y temas de interés con un enfoque directo, claro y cercano.

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