El ganador del Masters y del US Open compartió una jornada con los jóvenes golfistas de la residencia madrileña, se reencontró con sus antiguos técnicos y habló sin filtros sobre entrenamiento, presión, miedos, carácter y las exigencias necesarias para alcanzar la élite Hay regresos que tienen un significado especial. El de Jon Rahm a la Escuela Nacional Blume de Madrid pertenece a esa categoría. El golfista vasco volvió al lugar donde completó una etapa fundamental de su formación antes de viajar a Estados Unidos y comenzar el camino que terminaría llevándole hasta el número uno del mundo, la victoria en el US Open de 2021 y la conquista del Masters de Augusta en 2023. No se trató de una visita promocional ni de un acto institucional organizado para cumplir con un compromiso. Fue el propio Rahm quien había trasladado al presidente de la Real Federación Española de Golf, Juan Guerrero-Burgos, su deseo de regresar a la Blume y compartir una jornada con los jóvenes que actualmente se forman en la residencia. Quería volver al lugar donde había recibido tanto, reencontrarse con quienes participaron en su desarrollo como jugador y devolver una parte de todo aquello que el golf español le ofreció durante sus primeros años. La jornada tuvo inevitablemente una importante carga emocional. Rahm volvió a encontrarse con técnicos que desempeñaron un papel relevante en su formación, entre ellos Salva Luna y Óscar del Río. Hubo abrazos, recuerdos y conversaciones sobre una etapa en la que el actual campeón todavía era un adolescente con enormes condiciones para el golf, un carácter competitivo extraordinario y el sueño de comprobar hasta dónde podía llegar. Pero los grandes protagonistas de la visita fueron los integrantes de la actual promoción de la Escuela Nacional Blume. Los jóvenes tuvieron la oportunidad de mantener una larga conversación con uno de los mejores golfistas españoles de la historia y preguntarle directamente por cuestiones que forman parte de sus propias preocupaciones: los métodos de entrenamiento, la presión de la competición, los nervios, las inseguridades, la gestión de los malos resultados y las exigencias necesarias para intentar alcanzar el golf profesional. Rahm respondió con cercanía y sin presentar el camino hacia la élite como una historia perfecta. Una de las reflexiones más interesantes de la jornada estuvo relacionada con la confianza en uno mismo. El jugador reconoció que desde muy joven ha tenido una fe extraordinaria en sus propias posibilidades, una confianza que llegó a definir como casi ilógica. Cuando participaba en un torneo, independientemente del nivel de sus rivales, salía al campo convencido de que tenía posibilidades de ganar. Esa mentalidad ha sido una de las grandes fortalezas de su carrera, pero Rahm quiso dejar claro a los jóvenes que la confianza y el talento no son suficientes. Llegar al golf profesional exige trabajo, disciplina y una capacidad permanente para mejorar. Alcanzar la élite resulta extraordinariamente difícil, pero mantenerse entre los mejores jugadores del mundo requiere todavía más dedicación. Durante la conversación puso como ejemplo a Scottie Scheffler y Bryson DeChambeau, dos de los jugadores más destacados del golf internacional. Rahm habló de las numerosas horas que ambos dedican al entrenamiento y explicó que Scheffler puede permanecer practicando durante horas después de terminar su vuelta de competición. La referencia servía para desmontar una idea demasiado extendida entre los jóvenes deportistas: que los mejores ganan únicamente gracias a su talento. El talento puede abrir puertas, facilitar el aprendizaje y permitir alcanzar niveles extraordinarios, pero el trabajo diario es lo que sostiene una carrera profesional. Ese fue uno de los mensajes centrales que Rahm quiso transmitir a quienes actualmente ocupan el mismo lugar en el que él se encontraba años atrás. También hubo tiempo para hablar del miedo y la presión. Los jóvenes quisieron saber cómo gestiona los nervios un jugador que ha disputado los torneos más importantes del mundo y ha tenido que ejecutar golpes decisivos bajo una enorme tensión. Rahm reconoció con naturalidad que los campeones también sienten miedo, dudan y experimentan inseguridad. La diferencia no consiste en eliminar esas emociones, sino en aprender a convivir con ellas y evitar que terminen condicionando las decisiones dentro del campo. La sinceridad del jugador resultó especialmente valiosa cuando habló de su carácter. Rahm recordó que durante su juventud protagonizaba enfados dentro del campo y que no siempre tenía la madurez necesaria para escuchar los consejos de sus entrenadores. Con el paso de los años tuvo que aprender a controlar mejor sus emociones y comprender que desperdiciar energía después de un mal golpe podía perjudicar su rendimiento durante el resto de la vuelta. En ese proceso fueron fundamentales los técnicos que le acompañaron durante sus años de formación. La visita permitió recordar la importancia que tienen los entrenadores en el desarrollo de los jóvenes deportistas, especialmente cuando deben transmitir mensajes que el jugador quizá no quiere escuchar en ese momento, pero que terminan siendo decisivos para su crecimiento. La Escuela Nacional Blume también desempeñó un papel importante en la madurez personal de Jon Rahm. Vivir lejos de casa, compartir residencia con otros deportistas, asumir responsabilidades y aprender progresivamente a gestionar su independencia fueron experiencias que le ayudaron posteriormente cuando tuvo que trasladarse a Estados Unidos. Después de abandonar la Blume, Rahm comenzó su etapa universitaria en Arizona State University. Allí construyó una de las carreras amateurs más destacadas de su generación. Ganó once torneos universitarios, recibió en dos ocasiones el Ben Hogan Award y permaneció durante 60 semanas como número uno del World Amateur Golf Ranking. En 2016 dio el salto al profesionalismo y comenzó una ascensión que le llevaría hasta la cima del golf mundial. En 2021 conquistó el US Open en Torrey Pines, convirtiéndose en el primer español que ganaba el torneo, y dos años después consiguió la chaqueta verde del Masters de Augusta. Con aquella victoria se unió a Severiano Ballesteros, José María Olazábal y Sergio García en la lista de españoles que han conquistado uno de los torneos más importantes de la historia del golf. Sin embargo, durante su regreso a la Escuela Nacional Blume, los grandes títulos quedaron en un segundo plano. Lo verdaderamente importante era la posibilidad de compartir experiencias con los jóvenes y recordarles que el jugador que tenían delante había pasado por muchas de las mismas situaciones que ellos están viviendo actualmente. Rahm entrenó en aquellas instalaciones, convivió con otros jóvenes deportistas, sufrió malos resultados, tuvo dudas, protagonizó enfados y necesitó aprender a gestionar sus emociones. También escuchó los consejos de entrenadores que contribuyeron a mejorar su juego y a desarrollar la mentalidad necesaria para afrontar posteriormente su carrera en Estados Unidos. Esa cercanía convirtió la visita en algo mucho más importante que una charla con un deportista famoso. Los integrantes de la actual promoción pudieron comprobar que detrás del campeón existe un largo proceso de formación, sacrificio, errores, aprendizaje y trabajo constante. La historia de Jon Rahm es también una demostración del valor de las estructuras de formación del golf español. La Escuela Nacional Blume lleva más de 35 años ayudando a jóvenes jugadores a desarrollar sus capacidades deportivas mientras continúan con su formación académica y personal. No todos alcanzarán el número uno mundial ni ganarán un Masters, pero la experiencia adquirida durante esos años puede resultar determinante para afrontar su futuro dentro y fuera del deporte. El regreso de Rahm dejó además una imagen especialmente importante para el golf español: la de uno de sus grandes campeones volviendo al lugar donde comenzó a construir su carrera para agradecer lo recibido y compartir su experiencia con quienes vienen detrás. Los grandes referentes deportivos no solo se construyen con victorias y trofeos. También se construyen reconociendo a las personas que ayudaron durante el camino y utilizando la experiencia adquirida para inspirar a las siguientes generaciones. Jon Rahm salió de la Escuela Nacional Blume siendo uno de los jóvenes con mayor proyección del golf español. Años después regresó convertido en ganador del Masters, campeón del US Open y ex número uno mundial. Pero durante unas horas volvió a ocupar un lugar mucho más cercano para los jóvenes que le escuchaban: el de alguien que estuvo sentado donde ahora están ellos y que conoce perfectamente los sueños, los miedos y las dudas que aparecen cuando se intenta construir una carrera en el golf. Quizá esa sea la principal enseñanza que dejó su visita. Los grandes campeones no aparecen de repente. Se construyen durante años, con talento y confianza, pero también con entrenadores, derrotas, correcciones, sacrificios y miles de horas de trabajo cuando nadie está mirando. Y Jon Rahm quiso regresar precisamente al lugar donde comenzó buena parte de ese camino para recordárselo a quienes ahora sueñan con recorrer el suyo. myGolf, una bocanada de aire fresco que está cambiando la forma de vivir el golf amateur Navegación de entradas Qué hacer en Sevilla en verano: los mejores planes para disfrutar de las vacaciones en 2026 Villanueva Golf & Croquet acogió una nueva cita de éxito del circuito myGolf