Algunos no pararán hasta verlo publicado, aunque la realidad deportiva lo desmonte La derrota ante el Braga ha reactivado un ruido que empieza a ser habitual en ciertos sectores del entorno mediático sevillano: cuestionar y empujar hacia la destitución de Manuel Pellegrini. El enfado del beticismo es comprensible. Perder en Europa duele, y hacerlo de esa forma más aún. Pero convertir una decepción puntual en una campaña de desgaste ignora algo fundamental: los datos. Para entender el presente, conviene mirar atrás. El Real Betis Balompié previo a Pellegrini vivía en una montaña rusa constante. Entre 2014 y 2020, el equipo firmó una etapa marcada por la irregularidad: en 2014-15 fue campeón de Segunda División y logró el ascenso; en 2015-16 terminó 10º en LaLiga; en 2016-17, 15º; en 2017-18, 6º y clasificación europea; en 2018-19, 10º; y en 2019-20, 15º. El balance es claro: una sola clasificación europea en seis años, dos temporadas peligrosamente cerca del descenso y una sensación permanente de inestabilidad, tanto en el banquillo como en el proyecto deportivo. Ese era el contexto en el que aterrizó Pellegrini. Y seis años después, el contraste es evidente. Desde su llegada en 2020, el Betis ha cambiado de dimensión competitiva. En 2020-21, el equipo fue 6º y volvió a Europa; en 2021-22, alcanzó el 5º puesto y conquistó la Copa del Rey, el primer gran título en casi dos décadas; en 2022-23, repitió 6º puesto; en 2023-24, terminó 7º y se mantuvo en competiciones europeas; y en las temporadas 2024-25 y 2025-26, el equipo se ha mantenido en la pelea por plazas continentales. A ello se suma una presencia constante en Europa y una participación destacada con unos cuartos de final en Europa League. No se trata solo de números. Se trata de estabilidad, de identidad y de respeto competitivo. El Betis ha pasado de ser un equipo imprevisible a uno fiable, capaz de competir cada temporada por objetivos ambiciosos. Eso, en la historia reciente del club, no es habitual. Por eso resulta difícil entender el salto inmediato hacia el discurso de la destitución tras un tropiezo europeo. La crítica es legítima. El análisis también. Pero lo que no se sostiene es ignorar seis años de crecimiento por una derrota concreta. Porque si cada revés invalida todo lo anterior, el problema deja de ser deportivo y pasa a ser estructural. Se puede debatir si el ciclo está cerca de su fin o si el equipo necesita una evolución. Es una discusión válida. Pero ese debate no puede construirse desde el olvido selectivo. Manuel Pellegrini ha logrado el periodo de mayor regularidad competitiva del Real Betis Balompié en décadas, y eso debería ser el punto de partida de cualquier análisis serio. Además, la realidad contractual y deportiva es clara. Pellegrini tiene contrato en vigor, el equipo sigue en la pelea por Europa y no existe una situación de crisis clasificatoria. Salvo un desplome evidente en la recta final, todo apunta a su continuidad en el banquillo. El titular “Manuel Pellegrini destituido” genera impacto y clics. Pero hoy por hoy no responde a la realidad. Responde más a un deseo que a un hecho. Y en el fútbol, como en cualquier ámbito, conviene diferenciar entre opinión y evidencia. El Betis actual, con sus errores y sus límites, sigue siendo el mejor Betis de los últimos veinte años. Y eso no se puede borrar por una noche en Europa. Sevilla abre esta noche la Feria con la Noche del Pescaíto y el encendido del alumbrado Navegación de entradas Cuánto cuesta vivir en Sevilla en 2026: alquiler, comida, luz y calidad de vida real Cogida de Morante en el cuarto de la tarde.