-Sevillanía- La Sevilla de otros tiempos estuvo poblada por personajes singulares que formaban parte inseparable del paisaje urbano. Figuras conocidas por todos, aunque pocas veces comprendidas en toda su dimensión humana. Una de ellas fue doña Beatriz Delgado, aquella mujer que durante años llamó la atención de sevillanos y visitantes por su aspecto peculiar, su caminar dificultoso y el puro que casi siempre la acompañaba. A simple vista, muchos la confundían con una persona humilde o incluso con una vagabunda. Su vestimenta, generalmente extravagante y ajena a las modas, unida a la hinchazón de sus piernas y a su paso lento y fatigoso, contribuían a esa impresión superficial. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Quienes la conocieron sabían que se trataba de una mujer culta, de buena posición económica y de extraordinaria sensibilidad hacia los más necesitados. Antigua funcionaria del Instituto Nacional de Previsión, doña Beatriz había vivido durante gran parte de su vida en la plaza del Cristo de Burgos. Cuando su vivienda fue declarada en ruina tuvo que trasladarse al barrio de Los Remedios, aunque jamás perdió el vínculo sentimental con el casco histórico sevillano que había marcado su existencia. Su gran pasión era la Virgen del Carmen de la iglesia del Buen Suceso. En torno a aquella comunidad carmelita llegó a convertirse en una verdadera institución. Su devoción era constante y sincera. Cada sábado del mes de mayo acudía con su correspondiente ramo de flores para ofrecerlo a la Virgen. La enfermedad que padecía, un avanzado linfedema que afectaba gravemente a sus piernas, limitaba cada vez más sus desplazamientos. Aquella dolencia circulatoria, conocida popularmente por provocar una hinchazón similar a la llamada elefantiasis, le impedía ya llegar con facilidad hasta su antiguo barrio, por lo que sus recorridos solían concluir en los alrededores de la Catedral. Pero si algo distinguía a doña Beatriz era su generosidad. Quienes la trataron recuerdan una mujer permanentemente preocupada por las necesidades ajenas. Incluso durante sus estancias veraniegas fuera de Sevilla dejaba dinero encargado a personas de confianza para que ayudasen a los pobres en su nombre. Su sentido de la caridad era discreto y constante, alejado de cualquier exhibición pública. Disponía además de numerosas amistades en altos niveles de la administración. Gracias a sus gestiones, cartas y escritos, muchas personas consiguieron pensiones, ayudas sociales, empleos y diversos favores burocráticos que de otra forma les habrían resultado inalcanzables. Su influencia, ejercida siempre en beneficio de otros, contrastaba con la imagen modesta y casi excéntrica que ofrecía en la calle. Aquella señora que fumaba puros en los bares del centro, que caminaba con dificultad y que parecía vivir al margen de todo, era en realidad una mujer profundamente religiosa, generosa y respetada. Uno de esos personajes irrepetibles de la Sevilla desaparecida que, sin ocupar titulares ni ostentar cargos de relevancia pública, dejaron una huella imborrable en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de conocerlos. Porque la verdadera ciudad no sólo la construyen sus monumentos, sino también esas figuras anónimas que durante décadas forman parte de su alma. Y doña Beatriz Delgado, con sus puros, sus flores para la Virgen del Carmen y su inagotable disposición para ayudar a los demás, fue una de ellas. ::: Nuestro agradecimiento a Alfonso Montaño Alonso que nos proporcionó la fotografía y donde recopilar información en ABC y en el tecuadro Casco Antiguo de Antonio Burgos. Love The 90’s Sevilla 2026: fecha, artistas, entradas y todo sobre el festival en La Cartuja Navegación de entradas San Luis de los Franceses propone una experiencia única para descubrir el barroco sevillano