La polémica por la cena de la revista en la Plaza Virgen de los Reyes continúa creciendo. Pero responder a lo que se critica ocupando de nuevo el mismo espacio con mesas, sillas y comida parece, cuanto menos, una contradicción.
La celebración del XX aniversario de los Premios Escaparate en uno de los enclaves más emblemáticos de Sevilla ha terminado generando una polémica que probablemente nadie imaginaba cuando comenzaron a llegar los invitados.
Una noche concebida para celebrar dos décadas de trayectoria de una revista sevillana, rodeada de invitados destacados de la vida social, empresarial, cultural e institucional de la ciudad, ha terminado convertida en objeto de críticas, denuncias y un intenso debate sobre el uso de los espacios públicos.
Podremos estar más o menos de acuerdo con la decisión de celebrar allí aquella cena. Podremos preguntarnos si era el lugar adecuado, si las autorizaciones fueron las correctas o si determinadas instituciones debían participar de una u otra manera. Todo eso es perfectamente legítimo.
Y, por supuesto, si alguien considera que se ha cometido alguna irregularidad, tiene todo el derecho a denunciarla y serán los organismos correspondientes quienes determinen si existe o no responsabilidad alguna.
Hasta ahí, nada que objetar.

Lo que me resulta mucho más difícil de entender es la respuesta que algunos pretenden dar ahora: volver a la Plaza Virgen de los Reyes con mesas, sillas y comida para demostrar que, si unos pudieron hacerlo, los demás también.
Y ahí es donde, personalmente, creo que nos equivocamos.
Si consideramos que lo ocurrido con Escaparate estuvo mal, ¿qué sentido tiene reproducir aquello mismo que estamos criticando?
Si ellos lo hicieron, ¿nosotros también?
La defensa del espacio público no debería convertirse en una competición por ver quién consigue ocuparlo.
Si el argumento es que determinados lugares de Sevilla merecen especial cuidado, entonces precisamente deberíamos ser los primeros en actuar con prudencia.
No es lo mismo un montaje realizado por profesionales, con empresas encargadas de colocar mobiliario, catering, organización, desmontaje y limpieza, que una convocatoria abierta en la que cada ciudadano pueda acudir con su mesa, su silla, sus bolsas y su comida.
Y decir esto no significa justificar automáticamente la cena de Escaparate.
Significa simplemente reconocer una realidad.
Una empresa de montaje sabe cómo transportar una mesa, cómo proteger determinados elementos y cómo desmontar posteriormente una instalación. En una convocatoria multitudinaria es mucho más difícil controlar que alguien no arrastre una silla, golpee algún elemento, abandone residuos o cause involuntariamente algún desperfecto.
Y si precisamente estamos hablando de un entorno monumental especialmente sensible, creo que deberíamos ser todavía más responsables.
También ocurrirá algo parecido con la limpieza.
Una celebración organizada tiene detrás personal dedicado al desmontaje y retirada de residuos. En una concentración espontánea podemos apelar al civismo de todos los asistentes, pero resulta evidente que controlar a cientos de personas es bastante más complicado.

Una protesta legítima puede perder su sentido
Que nadie interprete estas líneas como una crítica al derecho a manifestarse.
Todo lo contrario.
Los ciudadanos tienen perfecto derecho a protestar, pedir explicaciones y cuestionar las decisiones de sus administraciones.
Pero una protesta puede ser absolutamente legítima y, al mismo tiempo, estar planteada de una forma poco acertada.
Si denunciamos que una cena privada no debía celebrarse en la Plaza Virgen de los Reyes, no termino de comprender que la respuesta sea organizar otra comida en ese mismo lugar.
Porque entonces el mensaje deja de ser:
“Esto no debería hacerse aquí”.
Y empieza a parecerse demasiado a:
“Si ellos lo hicieron, nosotros también queremos hacerlo”.
Y son dos mensajes completamente diferentes.
¿Política, enfado, reivindicación… o algo más?
Estos días se han escuchado argumentos de todo tipo.
Habrá personas sinceramente preocupadas por la utilización de los espacios públicos. Otras cuestionarán la participación institucional. Algunas entenderán que existen motivos políticos suficientes para protestar.
Y seguramente habrá también quien simplemente no comparta el modelo social que representa una gala como los Premios Escaparate.
Todo es respetable.
Lo que ya me cuesta más aceptar es que Sevilla vuelva a dividirse entre buenos y malos por una cena.
Incluso resulta inevitable preguntarse —sin poder afirmarlo, naturalmente— cuánto hay en determinadas reacciones de reivindicación real y cuánto de enfrentamiento político, animadversión personal o del viejo sentimiento humano de pensar: “¿Y estos por qué pueden estar ahí y yo no?”.
Porque, siendo claros, probablemente alguno de los críticos más vehementes no habría mostrado el mismo enfado si aquella noche hubiera tenido una silla con su nombre esperando junto a la mesa.
Es una reflexión, no una acusación.
Escaparate no necesita que nadie la defienda
No seré yo quien tenga que salir en defensa de Revista Escaparate.
Después de veinte años, premios, personajes entrevistados, eventos y presencia en la sociedad sevillana, creo que dispone de trayectoria y medios suficientes para defender sus propias decisiones.
Además, Sevilla Vibes es un medio mucho más pequeño ( de momento ) y nuestra obligación no es actuar como abogado de nadie.
Si Escaparate se equivocó, tendrá que asumir la crítica.
Si una administración actuó incorrectamente, tendrá que explicarlo.
Si existen responsabilidades, que se determinen.
Pero precisamente por eso creo que podemos expresar otra opinión sin complejos:
criticar una equivocación no nos obliga a cometer otra.
Sevilla no gana nada convirtiendo esta historia en una vendetta.
Ni política, ni social, ni mediática.

Cuidemos Sevilla incluso cuando protestamos
Hay muchas formas de mostrar rechazo.
Se puede convocar una concentración. Se pueden mostrar pancartas. Se pueden solicitar expedientes. Se pueden pedir explicaciones públicas. Se puede acudir a los tribunales. Se puede hacer oposición política.
Todo eso forma parte de una sociedad democrática.
Pero llevar mesas, sillas y comida al mismo lugar cuya utilización estamos cuestionando me parece sencillamente incoherente.
Porque Sevilla merece que cuidemos sus espacios cuando celebramos algo, pero también cuando protestamos.
Quizá Revista Escaparate se equivocó escogiendo aquel lugar.
Quizá no.
Eso lo determinarán quienes tengan que hacerlo.
Pero incluso suponiendo que se hubiera equivocado, hay una pregunta que merece la pena hacerse:
¿También tenemos que equivocarnos nosotros?


