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El Consejo Andaluz de Colegios de Médicos, presidido por el también presidente del Colegio de Médicos de Sevilla, pidió un plan estatal de emergencia sanitaria. Mónica García tardó 17 días en pisar Ceuta. Llegó, negó el colapso denunciado por los profesionales, cuestionó públicamente algunas de sus advertencias y abandonó la ciudad ese mismo día, mientras médicos y sanitarios continúan afrontando una presión asistencial extraordinaria.

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Hay momentos en los que presidir una institución significa algo más que ocupar un despacho. Significa representar a los profesionales cuando necesitan ser escuchados y advertir a las administraciones cuando consideran que una situación puede ir a peor.

Eso es precisamente lo que ha hecho Alfonso Carmona, presidente del Consejo Andaluz de Colegios de Médicos (CACM) y del Real e Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Sevilla, ante la excepcional situación sanitaria que atraviesa Ceuta.

El pasado 12 de agosto, el Consejo que preside Carmona reclamó públicamente al Gobierno de España la activación inmediata de un plan estatal de emergencia sanitaria para Ceuta. No fue una declaración política ni una petición genérica. El documento hablaba de problemas muy concretos: presión asistencial extraordinaria, carencias estructurales y profesionales sometidos a una demanda excepcional.

El CACM pidió más médicos y enfermeros, refuerzos en Emergencias, Salud Pública, Salud Mental y Pediatría, recursos hospitalarios, transporte sanitario, dispositivos extrahospitalarios y medidas para proteger a los profesionales frente al agotamiento y la sobrecarga.

Carmona y los médicos andaluces pidieron, en definitiva, prevenir antes que lamentar

La respuesta de Mónica García

Días después llegó a Ceuta la ministra de Sanidad, Mónica García, con una valoración muy diferente.

García reconoció que el sistema estaba «tensionado», pero negó que existiera un colapso sanitario. Además, pronunció una frase que ha generado enorme controversia:

«Los migrantes no traen enfermedades, pueden enfermar, pero no traen enfermedades».

La ministra sostuvo igualmente que el riesgo epidemiológico para los ceutíes era bajo y rechazó vincular inmigración y enfermedad.

El problema es que mientras el Ministerio intentaba transmitir tranquilidad, los propios profesionales sanitarios de Ceuta estaban lanzando advertencias mucho más preocupantes.

Los médicos discrepan de la ministra

El presidente del Colegio Oficial de Médicos de Ceuta, Enrique Roviralta, fue rotundo después de escuchar el diagnóstico ministerial:

«Los médicos discrepamos de esa opinión».

Roviralta habló de un «riesgo real de epidemia» y definió la situación como una «bomba de relojería» si no se reforzaban las medidas preventivas y asistenciales.

Y no hablaba únicamente de posibilidades teóricas.

El jefe de Medicina Preventiva del Hospital Universitario, Julián Domínguez, confirmó un brote de gastroenteritis y la existencia de casos puntuales de tuberculosis y sarna.

Además, los sanitarios sostienen que buena parte de la capacidad del sistema para seguir funcionando se debe al sobreesfuerzo extraordinario de sus profesionales. Las Urgencias han llegado a soportar incrementos excepcionales de pacientes manteniendo esencialmente la misma estructura sanitaria.

La propia ministra cifró en aproximadamente 5.800 los migrantes atendidos en quince días, y durante el momento de mayor presión se alcanzaron 1.149 asistencias en apenas 24 horas.

Son cifras suficientemente importantes como para que las advertencias de los médicos merezcan, como mínimo, ser escuchadas.

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Carmona hizo lo que se espera de un representante de los médicos

Ahí cobra especial importancia la actuación de Alfonso Carmona.

El presidente del CACM no necesitó esperar a discutir si la palabra correcta era «colapso», «emergencia» o «tensión».

Pidió soluciones.

Pidió personal.

Pidió recursos.

Pidió prevención.

Y pidió coordinación entre el Gobierno, INGESA, la Ciudad Autónoma, Protección Civil, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y las organizaciones profesionales.

La Confederación Española de Sindicatos Médicos se sumó posteriormente a las advertencias y calificó de insuficiente la respuesta, reclamando a Mónica García que conociera directamente las condiciones en las que estaban trabajando los médicos de Urgencias y Atención Primaria.

La secuencia resulta difícil de ignorar: primero las organizaciones médicas pidieron ayuda; después el Ministerio trató de rebajar la alarma; y finalmente los profesionales sobre el terreno volvieron a insistir en que el problema existía y que necesitaban más recursos.

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Escuchar a los médicos no es xenofobia

Conviene además evitar una confusión interesada.

Advertir de la existencia de tuberculosis, sarna, gastroenteritis o de un posible riesgo epidemiológico no significa señalar a todos los migrantes como enfermos.

Significa hacer medicina.

Las condiciones de hacinamiento e insalubridad pueden favorecer la propagación de enfermedades transmisibles independientemente del origen de quienes las padecen. De hecho, la propia Mónica García reconoció posteriormente que el hacinamiento podía favorecer la transmisión y reclamó espacios adecuados para realizar investigaciones epidemiológicas y controlar posibles brotes.

Por eso quizás el debate no debería centrarse en desacreditar las advertencias, sino en actuar sobre ellas.

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Alfonso Carmona y Enrique Roviralta , del lado de quienes están en primera línea

En momentos como éste es cuando se comprende la verdadera función de instituciones como los colegios profesionales.

Alfonso Carmona y Enrique Roviralta han ejercido esa responsabilidad.

Han respaldado a quienes están trabajando sobre el terreno y ha reclamado al Gobierno recursos extraordinarios antes de que una situación excepcional pueda convertirse en algo todavía más grave.

Mónica García tiene derecho a defender sus cifras y a combatir cualquier utilización xenófoba de la crisis.

Pero los médicos también tienen derecho —y la obligación profesional— de advertir cuando consideran que existe riesgo.

Y cuando el presidente del Colegio de Médicos de Ceuta habla de un «riesgo real de epidemia», cuando especialistas confirman enfermedades transmisibles y cuando el Consejo Andaluz presidido por Alfonso Carmona reclama formalmente un plan estatal de emergencia, quizás la prioridad debería ser mucho más sencilla:

escuchar primero a quienes llevan la bata blanca y discutir después el relato político.

Porque si finalmente no ocurre nada más grave gracias a que se reforzaron los medios y se actuó preventivamente, las advertencias de los que saben no habrán sido alarmismo.

Habrán hecho exactamente lo que la sociedad espera de ellos: avisar a tiempo.

Desde Sevilla Vibes enviamos todo nuestro apoyo, reconocimiento y gratitud a los profesionales sanitarios, cuerpos de seguridad, servicios de emergencia y a todas aquellas personas que están trabajando incansablemente para mitigar las consecuencias de una situación que, por su magnitud y características, consideramos una auténtica invasión que está poniendo a prueba los recursos, los servicios públicos y la capacidad de respuesta de Ceuta.

Nuestro reconocimiento está, ante todo, con quienes permanecen en primera línea, afrontando cada día una presión extraordinaria con profesionalidad, compromiso y vocación de servicio. En muchos caso a pesar de los políticos.

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Por Miguel Angel Jimenez

Miguel Ángel Jiménez es redactor y fundador de Sevilla Vibes, medio digital especializado en la actualidad de Sevilla. Cubre noticias de última hora, sucesos, cultura y temas de interés con un enfoque directo, claro y cercano.

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