De tres ingenieros con una idea a una compañía con ambición internacional. La empresa sevillana celebra su décimo aniversario, afronta una nueva etapa de crecimiento y defiende que Andalucía tiene talento suficiente para competir con las grandes potencias tecnológicas.
Hay empresas que nacen para cubrir una necesidad del mercado y otras que, además, terminan demostrando que el lugar donde se fundan no determina hasta dónde pueden llegar.
Hace diez años, tres ingenieros sevillanos decidieron emprender un proyecto que, por entonces, podía parecer demasiado ambicioso: crear desde Sevilla una empresa de automatización industrial capaz de competir con las grandes compañías tecnológicas.
Aquella iniciativa se llamó Ningenia.
Una década después, la empresa ha dejado atrás sus primeros pasos para convertirse en una organización multidisciplinar que desarrolla soluciones de ingeniería, robótica y automatización para clientes industriales nacionales e internacionales.
Su historia refleja una transformación que está experimentando el tejido empresarial andaluz: el paso de una economía tradicional hacia otra en la que la innovación, la ingeniería avanzada y el talento especializado adquieren un protagonismo creciente.
En Sevilla Vibes hemos querido conocer de cerca esta trayectoria, sus desafíos y su visión sobre una revolución tecnológica que ya está cambiando la manera de fabricar, producir y trabajar.

De tres ingenieros a una empresa tecnológica con ambición internacional
El origen de Ningenia se remonta a 2015, cuando tres ingenieros decidieron apostar por la automatización industrial desde Sevilla.
Su objetivo no era únicamente instalar robots o desarrollar sistemas tecnológicos. Querían ofrecer soluciones capaces de resolver problemas reales de las fábricas, mejorar sus procesos productivos y aumentar su competitividad.
Diez años después, aquella pequeña estructura se ha convertido en un equipo que integra especialistas en mecánica, electricidad, robótica, software y gestión de proyectos.
La evolución también ha obligado a transformar la organización interna.
La compañía ha incorporado procedimientos de gestión, mandos intermedios y planes de desarrollo profesional para afrontar proyectos industriales cada vez más exigentes.
Ningenia se encuentra ahora ante una nueva etapa, marcada por objetivos de crecimiento, ampliación de plantilla y consolidación internacional.
Pero sus responsables insisten en que existe algo que no ha cambiado desde el primer día: su manera de entender los problemas de los clientes.
La robótica industrial ya no pertenece al futuro
Durante décadas, la imagen de un robot trabajando en una fábrica parecía reservada a grandes multinacionales del automóvil o a instalaciones industriales altamente especializadas.
Hoy esa realidad ha cambiado.
La automatización forma parte de los planes estratégicos de empresas de numerosos sectores, incluidas pequeñas y medianas industrias que necesitan producir con mayor precisión, reducir errores y adaptarse a mercados cada vez más competitivos.
Ningenia trabaja precisamente en ese terreno.
Sus soluciones combinan robótica, ingeniería y software para desarrollar sistemas capaces de realizar tareas industriales complejas.
Uno de los avances más importantes de los últimos años ha sido la incorporación de sistemas de visión artificial.
Gracias a esta tecnología, las máquinas pueden identificar piezas, detectar determinadas anomalías y adaptarse a procesos productivos más flexibles.
Y es que las fábricas modernas ya no producen necesariamente millones de unidades idénticas. Cada vez resulta más habitual trabajar con series cortas, diferentes referencias y cambios constantes en la producción.
En ese escenario, la flexibilidad tecnológica se convierte en una ventaja competitiva.

Inteligencia artificial: menos espectáculo y más soluciones reales
La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes asuntos del debate tecnológico.
Sin embargo, su aplicación industrial está muy lejos de limitarse a robots humanoides o máquinas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción.
En una fábrica, la inteligencia artificial puede utilizarse para detectar defectos, anticipar averías, analizar datos de producción y optimizar consumos energéticos.
Para Ningenia, la clave está en aplicar esta tecnología allí donde realmente aporta valor.
Sus responsables advierten de que la inteligencia artificial no sustituye una buena ingeniería ni resuelve por sí sola procesos industriales mal definidos.
Antes de incorporar algoritmos avanzados, resulta imprescindible contar con sensores fiables, sistemas automatizados y datos de calidad.
Una visión pragmática que contrasta con algunas de las expectativas más espectaculares que rodean actualmente a esta tecnología.
El gran desafío: crecer sin perder la identidad
El crecimiento de una empresa tecnológica no depende exclusivamente de conseguir nuevos clientes.
También exige incorporar profesionales cualificados, mejorar los procedimientos internos y mantener la calidad cuando los proyectos aumentan en tamaño y complejidad.
Ningenia afronta este desafío con planes de expansión de su equipo y con la mirada puesta en 2030.
La compañía aspira a consolidar nuevas líneas de negocio relacionadas con la robótica avanzada, el mantenimiento y las soluciones industriales estandarizadas.
También quiere reforzar su presencia internacional.
Todo ello sin abandonar Sevilla, una ciudad que consideran perfectamente preparada para albergar empresas industriales tecnológicamente competitivas.

ENTREVISTA | NINGENIA
«Hay que quitarse el síndrome del impostor: en Sevilla tenemos capacidad para competir internacionalmente»
Tras diez años de actividad, Ningenia analiza para Sevilla Vibes su crecimiento, el futuro de la inteligencia artificial, la transformación del empleo y las oportunidades que ofrece Andalucía para desarrollar grandes proyectos tecnológicos.
Diez años después de empezar, ¿qué queda de aquella Ningenia de tres ingenieros y qué ha cambiado por completo?
Queda lo esencial: la forma de entender un proyecto. Empezamos tres ingenieros con la convicción de que en Sevilla se podía hacer automatización industrial al mismo nivel que cualquier otra parte.
Nacimos con la sana obsesión por entender bien los problemas que nos plantean los clientes antes de ejecutar, y este sigue siendo nuestro ADN.
Sí ha cambiado por completo todo lo demás. Hemos pasado de ser tres ingenieros multitarea a contar con un equipo multidisciplinar de mecánica, electricidad, robótica y software, jefes de proyecto, un procedimiento de gestión, instalaciones propias y clientes que son referentes en su sector.
Cuando una empresa pasa de ser pequeña a querer facturar seis millones de euros, el reto ya no es solo técnico. ¿Qué es lo más difícil de gestionar ahora: los clientes, el crecimiento o el equipo?
Una mezcla de todo. Aumentar la facturación en nuestro sector requiere realizar proyectos de más envergadura, para clientes más grandes y con niveles de exigencia muy estrictos.
Hemos tenido que estructurar el equipo e incorporar a mandos intermedios que pongan el foco en la gestión de los proyectos. Pero de lo que más orgullosos estamos es del equipo técnico, que ha sido capaz de adaptarse a estas nuevas exigencias dando unos resultados increíbles.
Cuando eres pequeño, la calidad depende de que pocas personas lo controlen todo. Para multiplicar el tamaño de la empresa eso tiene que estar en el sistema: procedimientos claros, mandos intermedios que asuman responsabilidad real, una cultura compartida y gente que se sienta parte del proyecto.
Por eso en los últimos años hemos invertido tanto en organización como en tecnología: organigrama, carrera profesional y unos procesos muy bien definidos.
Como en un engranaje, si una pieza gira por su cuenta, el conjunto se detiene.
Trabajáis para grandes compañías industriales. ¿Qué tiene que hacer una empresa sevillana para que multinacionales de ese nivel confíen en ella?
Cumplir.
Parece obvio, pero en la industria es lo que más se valora: una línea parada cuesta mucho dinero y una multinacional necesita saber que, si te confía una puesta en marcha, va a estar lista en plazo y que vas a estar ahí cuando algo falle.
La confianza no se gana con una presentación, se gana proyecto a proyecto.
Casi siempre empieza con un encargo pequeño; si lo resuelves bien, llega el siguiente, y después uno más complejo.
A eso hay que sumar rigor técnico, documentación impecable, cumplimiento normativo y seguridad, y honestidad para decir lo que se puede y lo que no se puede hacer.
Hay que quitarse el síndrome del impostor. En Andalucía en general, y en Sevilla en particular, hay mucha capacidad técnica e innovación tecnológica y se nos reconoce fuera de nuestra región.
Cuando un cliente llega a Ningenia, ¿qué problema os suele plantear? ¿Qué tipo de situaciones sois capaces de resolver que hace unos años parecían imposibles?
La automatización de los procesos de fabricación está presente en los planes estratégicos tanto de las multinacionales como de las pymes.
Cuando empezamos, existía mucha incertidumbre con respecto a la implantación de este tipo de soluciones y había que hacer un trabajo de evangelización.
Ahora todas las empresas saben muy bien lo que necesitan y las ventajas que trae automatizar.
Una de las tecnologías que más ha avanzado y que más nos ha ayudado a dar soluciones más flexibles es la visión artificial.
La fábrica actual necesita flexibilidad, ya no hay series tan largas, sino que se trabaja en series cortas y muy diversas.
Con ayuda de la visión artificial nuestras células son mucho más autónomas y flexibles.
Se habla mucho de inteligencia artificial, pero muchas veces de forma muy superficial. En una fábrica real, ¿para qué sirve hoy la IA de verdad?
En una fábrica real, la IA útil es muy concreta y poco espectacular.
Sirve para ver: sistemas de visión que detectan defectos o clasifican piezas mejor y más rápido que el ojo humano.
Sirve para anticiparse: analizar datos de máquinas para avisar antes de que algo se rompa.
Y sirve para optimizar: ajustar parámetros de proceso, consumos de energía o secuencias de producción.
Hay que dejar claro que la IA no es una varita mágica.
Hay que partir de un proceso totalmente definido y eliminar cualquier sombra sobre la veracidad de los datos.
Sin una buena base de automatización, sensores fiables y datos bien recogidos, no hay IA que funcione.
¿Estamos cerca de ver fábricas donde la intervención humana sea mínima o todavía estamos muy lejos de ese escenario?
En procesos muy concretos ya existen: líneas de alto volumen y producto estable, donde la intervención humana es mínima en el día a día.
Pero la fábrica sin personas, en general, está lejos, y sinceramente no creo que sea el objetivo.
La mayoría de la industria trabaja con series cortas, mucha variedad de producto y cambios constantes y ahí las personas siguen siendo insustituibles para decidir, ajustar, mantener y mejorar.
Lo que sí vemos es que cada vez hay menos personas haciendo tareas repetitivas o peligrosas y más personas supervisando, programando y manteniendo sistemas.
Los robots humanoides, de los que tanto se habla, van a acelerar esa tendencia en tareas que hoy son difíciles de automatizar.
Pero hablamos de una evolución de años, no de meses.
Existe el miedo de que los robots terminen sustituyendo puestos de trabajo. Después de diez años viendo fábricas por dentro, ¿ese temor está justificado?
Entiendo el miedo, pero lo que vemos dentro de las fábricas es justo lo contrario: el problema de muchas plantas no es que sobren personas, es que no encuentran a nadie para ciertos puestos.
Trabajos pesados, repetitivos, con turnos nocturnos o en ambientes duros que la gente, con razón, no quiere hacer.
Cuando automatizamos, lo habitual es que esas personas pasen a tareas de más valor: supervisión, calidad, mantenimiento.
Y la empresa que automatiza gana competitividad, crece y acaba contratando más.
La que no lo hace es la que corre el riesgo de cerrar, y entonces sí se pierden todos los empleos.
El reto real no es frenar la automatización, es formar a las personas para trabajar con ella.
Queréis duplicar la plantilla. ¿Encontráis en Sevilla profesionales suficientemente preparados en robótica y automatización o existe un problema de falta de talento especializado?
Hay talento y del bueno: tenemos universidades y centros de FP que forman muy buenos profesionales.
Pero hay mucha más demanda que oferta, especialmente de perfiles con experiencia en proyectos industriales.
Es un perfil que no sale formado de ningún sitio; se hace a pie de máquina.
Por eso nuestra estrategia combina dos cosas: fichar talento con experiencia cuando lo encontramos y, sobre todo, formar nosotros mismos a gente joven con ganas, con un plan de carrera claro y acompañándoles de nuestros técnicos senior.
Y hay un argumento que pesa mucho: muchos ingenieros andaluces que se fueron fuera de España quieren volver.
Poder hacer proyectos punteros sin salir de Sevilla es algo que hace pocos años no era posible.
Habéis trabajado en España y también fuera. ¿Qué diferencia hay entre competir en Sevilla y enfrentarse a proyectos internacionales?
En lo técnico, menos de lo que parece: un robot o un PLC funcionan igual en Sevilla que en Marruecos o en Centroeuropa.
La diferencia está en todo lo que rodea al proyecto: normativas distintas, idioma, logística, la distancia cuando hay que resolver un problema en planta y, sobre todo, la exigencia en la documentación y en los procesos.
Competir fuera te obliga a profesionalizarte.
Te comparas con integradores de otros países, te exigen estándares muy altos y descubres que estás a la altura.
Esa experiencia la traemos de vuelta y la aplicamos aquí.
En Sevilla la competencia es más cercana y a veces se centra mucho en el precio; fuera aprendes a defender el valor de la ingeniería.
Ningenia ha crecido desde Sevilla y continúa apostando por hacerlo desde aquí. ¿Se puede construir una gran empresa tecnológica e industrial sin tener que marcharse a Madrid, Barcelona o fuera de España?
Sí y estamos convencidos de ello.
La tecnología permite trabajar con cualquier cliente desde cualquier sitio y Andalucía tiene una base industrial potente —agroalimentaria, aeronáutica, automoción, química, energía— que necesita exactamente lo que hacemos.
Además, Sevilla tiene algo que no se puede copiar: calidad de vida para atraer y retener talento, costes razonables y una red de universidades, centros tecnológicos y asociaciones industriales con mucho dinamismo.
Lo que hace falta es ambición y creérselo.
Hay empresas andaluzas que ya compiten a nivel internacional desde aquí, y queremos que Ningenia sea una de las referencias de que se puede.
Cuando miráis hacia 2030 y habláis de triplicar prácticamente el negocio, ¿qué tendría que ocurrir para que dentro de cuatro años dijerais: «Hemos cumplido nuestro objetivo»?
Más que una cifra, que es importante, sería poder decir tres cosas.
La primera, que hemos crecido sin perder la calidad ni la forma de trabajar: que los clientes de hoy sigan con nosotros en 2030 y que nos recomienden.
La segunda, que hemos construido un equipo sólido que ha hecho carrera dentro de Ningenia.
La tercera, que hemos consolidado nuevas líneas de negocio —soluciones más estandarizadas, mantenimiento, robótica avanzada— y una presencia internacional estable.
Si llegamos a 2030 con esos tres pilares, la facturación objetivo será la consecuencia natural.
Y si además seguimos haciéndolo desde Sevilla, habremos cumplido.
Y una pregunta más personal: después de diez años, si hoy volviera a aparecer delante de vosotros aquel primer cliente de Ningenia, ¿qué le diríais que habéis conseguido desde entonces?
Se lo dije hace unos años cuando me volví a encontrar con él: gracias, lo primero, porque sin este primer cliente que confió en tres ingenieros con más ganas que estructura, Ningenia no existiría.
Y después le contaría que aquella forma de trabajar —escuchar, entender el problema y no parar hasta que la máquina funciona— la hemos convertido en una empresa.
Que trabajamos para algunas de las compañías industriales más exigentes del país y también fuera, y que acabamos de celebrar nuestro décimo aniversario rodeados de clientes, proveedores y amigos.
Pero que, en el fondo, seguimos siendo los mismos: los que acompañan a las fábricas en la mejora de sus procesos.
Sevilla, una ciudad desde la que también se construye el futuro industrial
La historia de Ningenia es también la historia de una Sevilla que busca ampliar su protagonismo en sectores de alto valor tecnológico.
Durante años, el talento andaluz ha tenido que mirar hacia otras ciudades o países para encontrar determinadas oportunidades profesionales.
Empresas como Ningenia plantean un escenario diferente: desarrollar proyectos de ingeniería avanzada, trabajar para clientes internacionales y construir una carrera tecnológica sin necesidad de abandonar Andalucía.
Su apuesta por la formación, la especialización y la innovación representa una oportunidad para el tejido industrial de la provincia.
El camino hacia 2030 estará marcado por la capacidad de crecer, atraer profesionales y consolidar nuevas soluciones tecnológicas.
Pero quizá la enseñanza más importante de estos primeros diez años sea mucho más sencilla.
Para competir internacionalmente no siempre es necesario marcharse lejos.
A veces basta con tener una buena idea, reunir a las personas adecuadas y confiar en el talento que existe a nuestro alrededor.
Ningenia nació en Sevilla con tres ingenieros. Diez años después, su ambición sigue creciendo sin perder de vista el lugar donde comenzó todo.
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